Antes de la prueba
Escribe una hipótesis pequeña: qué esperas que ocurra y qué vas a observar. Si la pregunta es demasiado grande, el cuaderno se llenará de frases generales. Una buena entrada puede empezar con una acción simple: probar duración, cambiar escala, medir una transición, comparar dos materiales o registrar una reacción.
Durante la prueba
No documentes cada segundo. Elige tres evidencias: una vista general, un detalle y una nota de decisión. Si trabajas con cuerpo, voz o sonido, añade un audio breve o una marca de tiempo. Si trabajas con instalación o visualidad, registra escala, distancia y luz.
Después de la prueba
Cierra cada entrada con una decisión: mantener, corregir, descartar o repetir. Esa línea final es la que convierte el cuaderno en herramienta. Sin cierre, tendrás archivo; con cierre, tendrás proceso.
Cuando el cuaderno se prepara para enseñar
Si el proceso va a salir del ámbito privado, crea una selección secundaria. No enseñes todas las páginas: elige las entradas que explican cambio, dificultad, hallazgo y resultado. Esa selección puede alimentar una memoria de proceso, una revisión de taller, una presentación de portfolio o un dossier de convocatoria. También conviene marcar qué información es interna y qué puede publicarse, especialmente si aparecen colaboradores, espacios de ensayo o materiales con derechos. Si dudas entre dos entradas, elige la que permite entender una decisión concreta sin una explicación larga.